17 ago. 2015

LOS 54 AÑOS DE LA PROMOCIÓN


PALABRAS EN LOS 54 AÑOS DE LA PROMOCIÓN
-Juan Jacobo Escalona-

Desde aquella mañana afortunada en que me reencontré con el Catire en un mercadito a cielo abierto en Caracas, cuando me enteró de los planes para el jubileo de la Promo61; desde aquellos dos días inolvidables del reencuentro en Acarigua y Araure, que fue también un reencuentro conmigo mismo, ustedes ocupan un lugar central en mi vida cotidiana, como si hubiera conseguido una antigua y perdida caja de caudales del espíritu que había guardado en algún lugar secreto y cuyo mapa había extraviado. Redescubrí un lugar de pertenencias invaluable, descubrí EN DÓNDE y POR QUIÉNES quiero ser recordado. Por eso mis primeras palabras aquella inolvidable noche araureña fueron de agradecimiento. Les dije que estaba orgulloso de ustedes, les dije que tenían derecho a estar allí, alrededor del pan y del vino, como los hombres y mujeres después de una esforzada batalla, como los trabajadores del campo después de la empeñosa siembra o de la fructífera cosecha, fatigados y alegres, quizás con cierta melancolía, en el sentido que le daban nuestros padres griegos a esa palabra. Me vino a la memoria la arenga apasionada que puso Shakespeare en boca del Rey Henry V, en la víspera de la batalla de Agincourt, en el otoño de 1415: ‘We few, we happy few, we band of brothers’ (Nosotros pocos, nosotros felices pocos, nosotros Banda de hermanos’). También les hablé de fortalecernos en el luminoso Salmo del niño que apacentaba ovejas y que llegó a ser Rey para mayor Gloria de Dios: ‘El Señor es mi Pastor, nada me falta. Aunque camine por valles de sombras no sentiré temor porque Él estará conmigo…’
Desde entonces han partido otros hermanos a la mar que es el fin del cauce de turbulencias y remansos que es la jornada de la vida: Crucita, Robert, Alfonso “Chejendé” Ruíz, se unieron ya a quienes partieron más temprano a la paz del Señor, entre ellos nuestra ‘ragazza tenue’, nuestra Sarita toda llena de gracia. Ahora están en el regazo de la Madre común, María bendita que cuida la Mansión de Dios Todopoderoso, y desde allí nos siguen gozosos y cercanos, esperando la realización de la promesa que nos une y nos mantendrá unidos hasta más allá de la vida: Pablo de Tarso dijo que ahora miramos como ante espejos, en oscuridad, pero que mañana miraremos como hoy somos mirados.

Hoy tengo la oportunidad de repetirles mi orgullo y mi agradecimiento por dejarme pertenecer a esta comunión fraternal, por haberme ayudado a encontrar esa cajita extraviada de tesoros espirituales, que son los más enriquecedores y perdurables. Jorge Luís Borges decía que todo lo que hace el hombre está hecho sobre arena (que es materia perecedera, efímera, fugaz) pero que debemos trabajar COMO SI FUERA PIEDRA LA ARENA. Hoy están aquí también, por una grata decisión de Pepín, del Catire, de Arnaldo, de Noris, de La Negra, de Alirio, algunos hijos y hasta nietos de nuestra banda; es bueno que ellos conozcan del carácter y la lealtad que trasunta la actitud de sus padres y abuelos, de poner en lugar privilegiado este compromiso, esta pertenencia; es bueno que ellos conozcan que esta comunión, esta fraternidad, está LABRADA EN PIEDRA.

Quiero, finalmente, dejarles un lema que me tomé la libertad de entresacar de un gran poema de Eugenio Montale y que les repito a mis hijas desde que me hechizaron con su primera mirada. En honor a la gentil Graziella, me permito decirlo en la lengua original del gran poeta: “Mi sono alzato, sono ricaduto ma il mio sogno non è finito(‘Me he levantado, he vuelto a caer, pero mi sueño no ha terminado’).

Dios les bendiga a todos.