6 sept. 2011

TRIBUTO

La caída del muro de Berlín
1961 fue muy prolífico en acontecimientos de toda índole: El primer vuelo espacial tripulado, la sanción de la Constitución Nacional -la de más larga duración en nuestra azarosa historia republicana-, la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, la promulgación de la encíclica “Mater et magistra” por el venerado Papa Juan XXIII, el levantamiento del Muro de Berlín, la toma de posesión presidencial de John Kennedy, el lanzamiento, por Néstor Zavarce, de su exitosa interpretación de “El Pájaro Chogüí”, en suma, muchas cosas en el debe y en el haber para la humanidad. Pero también fue el año en que estaba cumpliéndose un pequeño milagro en una muy humilde instalación educativa aquí en nuestras dos ciudades: La graduación de 27 muchachas y muchachas, que están ahora otra vez reunidos, algunos sólo en fuerte presencia espiritual, reunidos como se reúnen los combatientes después de la batalla, alrededor del fuego, o los jornaleros alrededor del pan y el vino después de los afanes de la siembra y de la cosecha: recogidos, emocionados, dolidos y un poco fatigados quizás, pero también jubilosos, recordando con nostalgia -que es la memoria del corazón- la antigua tibieza del hogar y las sombras queridas, con deseos de reconocernos y congratularnos y compartir aflicciones unos con otros; con deseos de recordar, sobre todo, y el centro de esa convocatoria de recuerdos es el viejo liceo, cuya imagen retenemos como se retiene en el afecto a unos queridos zapatos viejos (la figura no es mía sino del poeta Carlos Castro Saavedra, quien dedicara esa feliz metáfora a su Cartagena).

Doña Carmen de Casal
Shakespeare pone en boca de Enrique V, en Agincourt, una expresión laudatoria: “We few, we happy few, we band of brothers…” A mí me ha conmovido recuperar esta banda de amigos y hermanos, con quienes compartí aquella vieja casona hecha a retazos, entre las cuatro paredes de sus aulas incómodas, calurosas, estrechas; en el menguado espacio de los recreos, en la canchita de tierra, en la mínima cantina, y donde quiera que recorro las imágenes en la memoria de mi propia vivencia y en las fotos que han aparecido inesperadamente, sólo percibo risas y actitudes afables y recuerdos gratos. Esa alegría desprejuiciada, esa confianza, esa convivencia llana de los que tenían más y los que tenían menos, y ahora esa constancia en el afecto, esa comunicación sin contacto frecuente en el tiempo, esa respuesta al llamado para reunirnos los felices pocos que ahora somos, es expresión del pequeño milagro de entonces. Yo estoy muy orgulloso de Uds. Siempre pensé volverlos a ver, siempre me decía: “mañana, el mes que viene, el año que viene…” y, como son las cosas, dejamos lo importante por lo circunstancial y por lo inmediato, pero cuando vi al Catire y me habló de esta maravillosa oportunidad, cuando Malaquías, Tania, Pepín, Leticia me abrieron esa puerta, pues entonces fue como si algo muy poderoso me impusiera la necesidad casi angustiosa de estar aquí, y lo demás lo ha hecho la generosidad y el afecto de todos. Ustedes tienen derecho a estar reunidos para recordar, y para afligirnos, también, por los que no están físicamente, y en primer lugar por los padres y madres; los de la casa circunscrita, pero también los padres de la casa extendida que eran nuestras ciudades de Acarigua y Araure. Hoy lo vivimos con la visita de la querida Doña Carmen; podría haber sido mamá, podría haber sido la mamá de cualquiera de ustedes, la de Arnaldo que fue mi amiga, a quien quise mucho, las tías de Tania, Doña Rosa, podría haber sido cualquiera porque nosotros nos sentíamos protegidos, tutelados, incluso reprobados muchas veces por ellas también. A mí me llevaron de la oreja varias veces porque peleaba en la calle, y la señora Prisca Lugo, una de nuestras maestras, me decomisó un revólver que cargaba yo el 23 de enero, quién sabe que habría podido pasar si no me lo hubiera quitado.

Total, que tienen derecho a esto, que tienen derecho a sentirse felices. Finalmente, para no abusar más de su afectuosa atención, quiero invocar para ustedes, y para mí y para nuestros seres queridos, algo que dijo quien de niño fue pastor de ovejas y que fue rey: “El Señor es mi Pastor, nada me falta. Aunque camine en valles de sombras no tendré ningún temor. Su vara y su cayado serán mi guía”. Eso que dijo David es algo perfectamente aplicable para sanar heridas y aflicciones y para mirar con confianza y fuerzas renovadas el porvenir que nos corresponda. “Mi copa está rebosada”, terminaba diciendo. Nuestras copas hoy están rebosadas de afectos, de aprecio sin reticencias, de cariño, de vínculo eterno.

“We few, we happy few, we band of brothers…”
Ojalá que continuemos, como decía Diego, haciendo de esta maravillosa sensación una rutina, pero no solamente para la ocasión de reunirnos alrededor de la fogata, alrededor del pan y del vino, sino que sea un oficio y un compromiso diario para que nuestros hijos, nuestras esposas, los esposos de ustedes nuestras eternas muchachas, sepan lo que sentimos entre nosotros y sepan que estamos orgullosos de ello. Muchas gracias por todo esto y la bendición de Dios para todos los integrantes de la promoción 1961 y para sus seres queridos.


Juan Jacobo Escalona
Acarigua-Araure, sábado 27 de agosto de 2011


3 comentarios:

  1. Es un orgullo para mi ser una de esa "banda de amigos y hermanos" que compartimos la infancia y temprana juventud contigo. Realmente tu disertación fué impecable, disfruté cada letra. La foto atinadísima. FELICITACIONES! Zully

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  2. Ya le había dicho a mi esposa -Carmen Dolores- Me gustaría que JJ dijera unas palabras en nuestra reunión. Poque tiene la virtud de sembrar con el verbo, el afecto,alegria del recuerdo y remembranzas - Nostalgia alegre- (la memoria del Corazón, en sus palabras) Creo que tambien mencionó algo respecto a la prisa o la premura, que suelen ser enemigas de lo importante o trascendente. Gracias JJ por tan bello discurso HCH

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  3. Gracias al infatigable Pepín por la concepción de la maqueta para mis palabras, con la inserción de la foto de la radiante D. Carmen y la formidable toma de la "band of brothers". Yo no quise estar en esa foto en particular porque creí que debía guardarse la simetría con la foto de la graduación y la de los 25 años. El Catire estaba insistiendo en que yo dijera algo y yo me hacía el loco porque tenía miedo de emocionarme much, luego de repente sentí que debía hacerlo. Mientras caminaba hacia el micrófono recordé una lista de acontecimientos del año 1961 que había estado elaborando y que no terminé por enviar, y decidí comenzar por ahí; lo demás lo sentí como una conversación íntima con cada uno. Como dice Tania, yo también creo que en esos días del encuentro sucedió algo muy trascendente. Abrazos a todos.

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